cultura de otra especie

 

número cuatro - octubre 2010

 

 

Miguel Erre

 

Navegar la noche de estos días

 

 

                             

 

 

 

 

 

¿Qué hacer cuando las mejores promesas son para unos pocos y el sol brilla cual matrix sin elegidos, ni oráculos ni trinitys? ¿Qué, cuando la soledad se lleva con orgullo y pena, y el río que no corre por el centro de la ciudad no corre nunca, y es todo tan igual, tan parada de ómnibus a la misma hora con los mismos rostros esperando ser reenviados a otra vuelta por la misma jornada?

¿Qué hacer cuando uno se descubre modelo para armar de partes que no sienten el imperativo de la unidad y observa sólo colgajos alrededor agarrados con alfileres y se vuelve hierro en ese entorno?

¿Escribir es una opción?

 

 

 

 

 

 

 

 

                                   

              VÉRTIGO PERPETUO

 

Y entonces uno podía sentir la brisa fresca en la cara, el viento leve que atravesaba la tela de la piel provocando una sensación de placidez extraña, como estar tirado en un atardecer de esos con nubes de colores violeta y el mar que comienza a oscurecerse en el borde de la pantalla de la mirada y el sol que desapareció sin uno darse cuenta, una placidez, un estar así sin que nada importe y perdiendo levemente la conciencia de ser, de estar, borrarse con el sol que ya desaparece del todo, quedarse así tirado pensando en nada y siendo nada por instantes, mirando las nubes violeta  sin planes ni propósitos, sin tener adónde ir y sin nadie que espere o reclame una llegada puntual, una promesa, un deber, así entonces era la brisa fresca en  el rostro, en el cuerpo y en el ánimo, como el alma de una nube, ir caminando lentamente mientras se permanece sentado bebiendo el vino fresco que baja y sube, así era al principio, el lento y decidido caminar de pensamientos sin cuerpo hacia el borde del abismo sin bordes, así era que todo se iba transformando en nube y uno dejaba de ser uno para ser solo una bruma de voces y gestos indefinidos y sin sentido, caminando en una nube hasta el fondo aparente de todas las cosas, los propósitos nunca confesados, los planes de última hora, las confesiones vergonzantes y las opiniones despiadadas, la crucifixión de la culpa y la nube en los ojos y en el pensamiento, más veloz ahora entre la niebla de recuerdos difusos y amantes muertos, veloz y decidido mientras la marea del vino tinto lo cubre todo, esas nubes violeta que se oscurecen en la sombra de la noche por las que uno camina ciego, y el vértigo de la sangre quiere estallar como un volcán en el cerebro enajenado, mientras los pies van tanteando en el aire del abismo entre refucilos y truenos y lluvias repentinas en un limbo siniestro, cayendo al abismo sin fondo, rodando entre la niebla de sensaciones irrecordables, arrasando al pasar todo vínculo real o imaginario que nos una con algo,  como una escoba ciega despegando telarañas en los rincones de las paredes, como la taza gigante de un mar volcada sobre un continente,  caer despojado de afectos y de propósitos, caer al fondo del abismo sin fondo sin culpa y sin recuerdos, y sin escalas hundirse en un sueño hecho de olas gigantes y aviones que se estrellan, un sueño con eyaculaciones imposibles y amigos inexistentes y amantes suicidas, caer sin escalas en un sueño así, sin sentir nunca el golpe de los ojos y del cuerpo cuando llega al piso del suelo del fondo del abismo sin fondo. Nada más un cansancio corporal y un entumecimiento de las ideas al despertar,  sintiendo asco por uno y los cigarrillos apagados en el suelo, las manchas de vino en el piso y en la ropa, el asco y las ganas de morir cuando de a poco, como en una mañana estival, el relente se disipa y uno vislumbra, aún tirado en la cama, rascando de la comisura de los labios la resaca violeta, uno vislumbra la inutilidad de todo, que es uno mismo y también el resto,  y el recuerdo difuso de una noche de excesos se revela lentamente, para redoblar el asco y el sinsentido de todo. Y como un techo que se descascara y sus pedazos caen al suelo, así la noche anterior y su recuerdo nublado no son más que escombros que yacen alrededor de la cama, en el suelo de la noche anterior, y uno se tapo hasta la cabeza y aprieta los ojos con fuerza, implorando el sueño.

Necesito un trago.

 

 

 Miraba pasar los ómnibus repletos que iban del centro a los suburbios, sentado en un murito bebiendo cerveza, miraba el carnaval funambulesco de obreros de la construcción, sirvientas, oficinistas de los que almuerzan cabizbajos en una plaza un sandwich preparado en casa la noche anterior,  miraba los ómnibus llenos de gente desordenadamente apretujada como billetes de 2 pesos en los bolsillos de un borracho o de un cuidacoches,  los imaginaba volviendo a casuchas de techos de chapa, obreros de manos gruesas y ásperas manchadas de pintura y de portland, ansiosos por una ducha, pero más ansiosos por las dos cajas de vino tinto que comprarían en el almacén antes de llegar a casa y ducharse, sentarse a una mesa con un plato de carne preparado por lo que yo suponía una mujer llena de hijos moqueantes y roñosos dando vueltas a la mesa y chillando junto a un televisor a todo volumen que mostraba las bombas judías explotando en las casas de Palestina, miraba los ómnibus llenos de gente apretujada, gente que volvía de algún lugar para llegar a otro, personas con un propósito o una ocupación, viajando sudorosos y cansados día tras día. No sé por qué pensé en la imagen de una película donde se veían pasar  trenes, vagones cargados de judíos, aunque en realidad eran judíos, eran turcos, eran polacos, eran gitanos, y  putos.

 

 

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Yo no sé cuál es la alquimia que derrama sangre por las grises arterias de los pálidos muertos. He salido sigiloso, furtivo, y la finita luz de una vela o una luna o un bar, nos encontró juntos, borrachos, maldiciendo al mundo y cagándonos de risa del mismo mundo y de nosotros. O me encontró infinitamente conmovido dialogando con mis fantasmas, con todos esos espectros que siempre andan dando vueltas alrededor de mi ánimo y dentro de él.

Pienso y estoy tirando descuidadas piedras en tu techo. Delicadas piedras. Inútiles, tal vez, como todo en la vida. Estoy listo para hundirme en la negrura triste de tu infinita ausencia.


 

 

 

 

 

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Veo una caravana extenderse hacia el horizonte hacia el borde final de los días que se fueron. Y el origen es un pequeño punto, que se abre a lo eterno. Mis ojos van y vienen y no pueden detenerse.

Como en una secuencia de espejos enfrentados, la nada  se deforma hasta el lugar donde se cruzan todos los infinitos. Las pocas estrellas brillantes que se confunden en este éxodo de locura, avanzan lentas, como novias envueltas en llamas. 
Los Ojos Que Conocen: se acercan y se detienen en el exacto instante en que se despeña una bestia, y las alforjas abiertas violentamente dejan su huella de papeles y libros. Los ojos que conocen atisban una nube de polvo más allá, y corren y fotografían una mariposa que salta y un segundo después, por el despeñadero, sólo hay fundas de almohada desgarradas, pinturas modernas de semen marchito. 
La caravana se va rompiendo, en partes, pero su conjunto, de lejos, parece uniforme. El clown que guía, con ademanes desfasados y una sonrisa sin dientes, sacude el caballo de madera sobre el que está montado. Los ojos que conocen, los ojos que miran, cuentan lo que ven. No hablan de estrellas. Tal vez son muy pequeñas, tal vez ya no brillan, tal vez nunca brillaron.

(Cuando era chico, y de noche me sentaba en el umbral de una vieja casa del Buceo, y preguntaba a la anciana -vestida rigurosamente de luto- por la negrura inmensa del cielo ante tan pocas estrellas, me contestaba que en el origen, el cielo era todo estrellas. Con el paso inexorable de los siglos, se morían para siempre y comenzaban a quedar huecos oscuros. Como luces de una ciudad celestial y nocturna que fueran apagándose.) 
Los ojos que conocen, que miran, miran la caravana de espanto. Y cuentan lo que ven. No hablan de estrellas, de hombres. Tal vez, nunca los hubo. 

 

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               TERESA EN LAS SOMBRAS

 

Teresa en las sombras daba calor a su muñeco de nieve.

La alfombra trasegada esconde hojas viejas, restos de arcilla; pero el regazo, en silencio, aguarda el mantra –llanto, que será su próximo desvelo. Al primer destello de los ojos que aún inconcientes, atraviesen la calma del oscuro cielo, el párpado gigante –ése ojo de ámbar y veneno- caerá sobre los labios rojos amamantando la criatura, la creación, el misterio.

Teresa en las sombras daba calor a su muñeco de nieve.

Todos la creen dormida (todos te saben callada).

Teresa en las sombras revuelve papeles recuerda y olvida y olvida y no vuelve. El destino protege su vuelo suicida –alas de mariposa- con uno, dos, alfileres; al fin y al cabo, cadenas que tal vez no atan, que tal vez no duelan.

Teresa en las sombras asqueada de todo transita desnuda por mundos lejanos; sus pasos sin regreso y su huesuda mano dibujan (en la oscuridad de las orejas hambrientas del recio y tierno y viejo guerrero que duerme a su lado) cuentos de hastío y desgano, como una Sherazade indolente, despreocupada de la muerte; pero también dibujan fábulas de locura, sueño y demencia, mientras en la noche cerrada del cuarto en penumbras, sus labios se renuevan y se aferran, febriles, a un porro.

Teresa en las sombras agitando cadenas que tal vez no atan, que tal vez no duelan.

 

 

 

 

 

La poesía de Miguel Erre conoce el mundo del papel en blanco y el del sonido, y como la canción es de las mejores cosas que sabe hacer, allí su verso restalla, es madera de roble amilanada por la dulzura de la melodía.

Participó de una banda grande y corta como La Mala Sangre, y trepó las ramas en pos del fruto más alto en Juan de los Palotes y Réquiem para Nadie.

Sus facciones denotan menos tiempo del que tiene,  y aunque desde hace unos años vive en una de las mejores ciudades que ha conocido (Rosario,  Argentina), extraña el mar de Montevideo y algunos amigos que dice tener por allí.

 

 





 

 

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-Folletín de diez manos. Cada uno de los autores que escriben la novela-folletín-blog (cabrera, cavallo, santullo, soriano, trujillo), escribe un capítulo de no más de 2000 palabras. Para eso tiene una semana de tiempo. Cuando termina, envía su capítulo al encargado de hacer el siguiente. Cuando se cumplen 5 vueltas y, por lo tanto, se llega al capítulo 25, la novela se termina. Cada capítulo está acompañado de la ilustración de algún artista. Interesante.

http://folletindediezmanos.

wordpress.com/

 

 

 

 

 

 

-EE.UU y la música digital. En los pronósticos de la última edición de su reporte sobre la música grabada a nivel global, la firma Strategy Analytics anticipa un nuevo hito para los formatos digitales en el año que viene.La compañía estima que los consumidores estadounidenses gastarán $2.700 millones de dólares el año que viene en CDs, por debajo de $2.800 millones en música en línea. El reporte también contempla la situación en 2015, pronosticando que los ingresos de la música en línea estarán conformados en un 39% por descargas de sencillos, 32% por descargas de álbumes, 14% por suscripciones y 14% por publicidad.

 

 

 

 

-Cursos de música en internet. Artículos y videos para aprender a tocar o mejorar conocimientos sobre guitarra, piano y otros instrumentos. La página se llama Virtuosso (www.virtuosso.com)

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