cultura de otra especie

SUMARIO

 

 __ EL JAZZ DE LOS CREPÚSCULOS. Poesia de Roberto Piva

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__ 10 ESTRATEGIAS DE MANIPULACIÓN MEDIÁTICA. Noam Chomsky

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__ ALUCINACIONES ÓPTICAS. M. C. Escher

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número cinco - noviembre 2010

 

 

 

Con Juan Bervejillo

 

EL FILO DE LA PALABRA Y EL CERROJO DEL ENTENDIMIENTO

 

                           

                                         

 

 

Responsable de algunas de las canciones más representativas del rock nacional de los últimos 25 años, La Chancha inauguró el 2010 con nuevo disco (A la carta, MMG) y se prepara para presentar el espectáculo “Los Otros” en formato acústico, oportunidad más que apropiada para conversar con Juan Bervejillo, alma mater de la agrupación.

 

 

 

-Las expectativas que tenía La Chancha al inicio de su trayectoria, ¿se han cumplido?

-En parte sí, en parte se han cumplido. Hay un reconocimiento bastante importante y unos cuantos buenos discos.

-¿El reconocimiento es de público y de crítica?

-De parte de la crítica ha habido un reconocimiento regular. Salvo algunos casos particulares que le han dado para adelante a La Chancha, se ha sido bastante indiferente. Y si bien esta indiferencia la deben padecer muchas otras bandas, en el caso de La Chancha creo que tendría que pesar un poco más, el tiempo que lleva andando y la vigencia que mantiene. Eso tendría que abrir los ojos a aquellos que no la reconocen o no lo quieren reconocer.

Pero cuando yo hablo de reconocimiento, me refiero más bien al reconocimiento del público, ése apoyo que te da la gente cuando te cruza por la calle y te retribuye con un gesto como de agradecimiento. Hay de todo: está el que viene a pedirte que te saques una foto con él porque todos los que salen en la tele son famosos y él quiere tener una foto con cada uno, y está el que se acerca con una actitud distinta, como a palmearte la espalda y decirte “loco, gracias por esto”. Eso es permanente. Me pasa adonde vaya que me invitan a comer o que no me cobran el boleto en el ómnibus. Boludeces, pequeños gestos que te hacen pensar “¡Opa!, no es al pedo todo lo que hice”.

-¿Y qué expectativas tenían que no se cumplieron?

-Yo quería y siempre quiero llegar a una cosa más masiva, pero hay una cantidad de factores que entran en juego que hace que las cosas nunca sean del todo así.

-¿Cuáles son esos factores?

-La Chancha siempre fue una cosa extraña de clasificar, siempre fue un poco cambiante, experimental, y con una posición crítica respecto al mundo del espectáculo. Por mi parte tengo una personalidad que no me banco mucha cosa y por ahí, se me han cerrado algunas puertas que me podrían haber dado otro tipo de difusión.

-¿No te arrepentís de eso?

-¿Sabés lo que pasa? Hubo momentos de efervescencia en la historia de la banda, y cuando eso sucede comienzo a sentirme demasiado acosado, incómodo. Es un poco contradictorio que uno tenga una expectativa hacia una masividad y que por otro no se la aguante. Esto que te comentaba hoy de que la gente se me acerca con una actitud de agradecimiento pero no de adulación, esa actitud sana cuando pasás cierto límite de masividad, se vuelve intolerable y me da un poco de temor.

-¿De ahí que cuando explotó el fenómeno rock 2002 / 2006, La Chancha no se haya colado del todo en la movida a diferencia de bandas como Buitres, La Trampa o Trostky que de la nada pasaron a la masividad?

-En parte puede ser,  pero ellos son un producto más comercial también, y es una cosa que siempre me quedo sin saber muy bien, porque suceden algunas masividades y algunas otras no.

-¿Sí aprovecharon ese momento entonces?

-Es que, además de las características de la banda que te mencioné antes y de ser bastante torpes para manejarnos en algunos ambientes, siento que en la década del 2000 hicimos cosas que no habíamos hecho antes. Te hablo de participar en el Pilsen Rock, de tocar en los paradores de Pepsi en la rambla, ese tipo de espectáculos más comerciales. De alguna manera entramos en el grupo de bandas que giraban en esos circuitos, y toda esa oleada de mediados del 2000 nos llegó y se notó.

-Si de futuro llegara la masividad, ¿la tolerarías?

-A esta altura me la fumo sin problemas porque sobre todo tengo claro que nunca dejaría de ser el que soy. Hay una anécdota de cuando fui a tocar al Ancel Fest, referida a un comentario que hice en el escenario que generó toda una cantidad de reacciones tremendas a favor y en contra. Dije sencillamente algo así como “me gustaría que todos los que estamos acá, estuviéramos reunidos por la fuerza de la música y no por el poder de una marca”. Son cosas que pienso y no voy a dejar de pensar, y aunque no estaba cuestionando nada, me empezaron a caer desde un montón de lugares como radios y páginas de internet con planteos tipo “cómo se le ocurre criticar un festival y después tocar en él”. Igual,  a esta altura de mi vida, hay ciertas cosas que me doy cuenta que no van a cambiar.

- ¿Por ejemplo?

-Por ejemplo…como la gente se deja manipular por una campaña publicitaria.

-¿Y vos antes creías que esas cosas podían cambiar?

-No que cambiaran absolutamente pero sí que denunciarlo servía para algo. Cada vez creo menos en eso, o sea, yo con mis cositas y el resto que se la banque, que se rescate; yo con mi música, con lo que escribo, con mis amigos, con la gente que sé que está todo bien y el resto que se la banque. Porque generar toda una reacción en contra de personas que vos pensás que son inteligentes, intentar hacer pensar a gente que no sabe pensar, ¿para qué? No pasa lo que yo quiero que pase. De última si me preguntan en una nota yo digo, o voy y toco que lo que tengo que decir lo dicen las letras de las canciones.

-Si hay un hilo conductor en la carrera de La Chancha, es la crítica a la cultura que se hace en los textos de muchas de sus canciones. Una crítica focalizada en dos frentes que se retroalimentan como el sistema y el ser humano. ¿Qué está primero a la hora de precisar causas?

-Ese es un problema que he tenido muchas veces porque la gente identifica las canciones conmigo y yo me deslindo un poco de ellas…

-Pero las canciones las hiciste vos.

-Claro que las hice yo pero no tengo porque responder por todo lo que dicen. Al contrario, las canciones las hago porque son una enseñanza para mí, son la referencia que tengo en esta vida y este mundo tan complejo y tan entreverado. Cuando te dicen “dijiste tal cosa  y hacés otra”…y sí, tienen razón, pero también soy un ser humano y estoy involucrado. Eso siempre La Chancha tuvo la lucidez de dejarlo en claro: tenemos una visión especial del mundo, una visión crítica, pero también tenemos nuestros errores y nuestros vicios.

-¿Es el sistema o es el hombre?

-Es la misma cosa. Hay una canción de La Chancha que se llama “Pan y circo” donde el personaje pide más pan y circo a sabiendas de que alguien le está metiendo el dedo en el culo, que lo está tratando como un esclavo pero a él igual le gusta. ¿Por qué La Chancha no es tan masiva? Porque la gente no banca que vos le hables de sus problemas en la cara. Quiere que la diviertas, que le hables de fantasías, que le hagas creer que otra cosa es posible. No que le digas en la cara “¿vos te das cuenta que sos un esclavo que estás trabajando por un salario, y que estás hipotecando tu vida y tu tiempo porque estás metiéndote en créditos hasta el culo?

-Otra característica de los textos críticos de La Chancha es que tanto hunden la daga sobre los vicios del sistema como sobre las manifestaciones de alternativa a ese sistema. En una canción como “Algo nos está saliendo mal”, un tipo que pelea por su independencia personal, por marcar un camino diferente al resto, sólo porque no es tomado en serio por los otros debe agachar la cabeza y admitir que está errado.

-La lectura que vos hacés de la canción no coincide con mis intenciones pero hay una cosa válida en el comentario. A veces se abusa de meter el dedo en la llaga, de buscar la negatividad más por un tema de humor negro, aunque haya cosas para señalar que funcionan bien. Pero la canción ésa, en realidad es muy paradójica porque cuando termina  (“si no pudimos deprimirnos / por más que quisimos intentarlo /no podemos ser ni siquiera fracasados”) te das cuenta que el tipo es un desgraciado que en ese final no le importa todo lo anterior. ¿Querés saber porque escribí esa canción?

-Contame, estamos para eso.

-Estábamos viendo a una banda de rap a fines de los 90’ en un Teatro de Verano lleno de gente, y nadie le daba bola, y eran como una caricatura los tipos ahí arriba. Hacían todos los clichés de las bandas de rap, con sus movimientos de manos y la gorrita, habían copiado toda la ceremonia, pero el público era como si le hablaran en chino. Entonces yo estaba mirando eso y dije “a la mierda, algo les está saliendo mal”. Y después me dí cuenta que la frase tenía un potencial que iba más allá de eso y empecé a jugar con el sentido y a buscarle la vuelta.

-Pero volvamos a la gente que quiere construir un camino alternativo, ¿qué con ellos?

-Tienen mi bendición.

-¿No ves ninguna puerta para abrir?

-Veo, veo sí…

-¿Cuáles?

-Me parece que todo lo que sean movimientos sociales que apunten a la autogestión, a la cultura, a la educación…Lo que pasa es que La Chancha no es tan inmediatista, es una cosa más filosófica, y las letras son más como pelotazos que se tiran para generar este tipo de reflexión que estamos teniendo vos y yo, pelotazos para generar electricidad. Entonces, a veces hay un poco de caricatura. No te olvides que La Chancha siempre fue una banda con manejo del humor, de doble sentido y un poco de trampa en buena parte de sus canciones.

-¿La inspiración surge de una experiencia personal o de la observación del mundo exterior?

-Algunas canciones son muy personales como por ejemplo “Un fantasma”, que habla sobre la idea mítica que uno tiene de uno mismo y como a veces, se termina siendo prisionero de esa imagen. Esa es una canción muy retrospectiva. Otras en cambio, surgen mientras camino por la calle y de pronto me cruzo con un guachito todo hecho mierda que necesita ser llevado por dos mujeres porque no puede caminar, y me sale: “además de haber nacido down / el pobre Pablo había perdido el pelo / caminaba con dificultad / arrastrando los pies / mirando el suelo”.

 

 

Leonardo Scampini

 
      

Bedó / Goicoechea

 

                CIEN VOLANDO

 

 

Todavía hoy se sigue discutiendo la validez de los caminos musicales transitados por la vanguardia culta del siglo XX, y hasta están los que niegan todo lo realizado dada la dificultad del oído para asimilar un producto que elude la clásica concepción armónica.

Contra ese tímpano duro, esta vanguardia generó obras de extrema riqueza y muchos de los procedimientos y sonidos salidos de su matriz, fueron luego utilizados por la música popular contribuyendo a su renovación; ni que escribir de la experimentación llevada a cabo por Stockhaussen –entre otros- con el amplio espectro de materiales electrónicos, que abrieron un infinito campo de nuevas posibilidades desde los primeros setenta y hasta la música e- actual.

Andando el tiempo, las formulaciones prototípicas de esa corriente musical fueron vinculándose con el folclore, el pop o el jazz, engendrando en cada caso, novedades discursivas sin approach con la sensibilidad media.

En ese camino de cruzamiento puede ubicarse el trabajo de Andrés Bedó del año 1987 (Yo sé que ahora vendrán caras extrañas), ahora reeditado por el sello Ayuí. Un cruzamiento que según el autor, nace de la improvisación, del ejercicio de dejarse llevar por la mano invisible de un movimiento no planificado, pero en cuyo flujo transporta elementos identificables y otros no tanto.

Independientemente del interés que pueda haber despertado, el disco vio la luz en un tiempo de gran ebullición cultural (1984 / 1989) que propiciaba aventuras estéticas inviables en la uniformidad crónica del día de hoy. Ese lustro ya había dado cabida a exploraciones como las de Leo Maslíah (Canciones y negocios de otra índole, 1984) y Jorge Lazaroff (Tangatos, 1985), que interrelacionaban mundos sonoros en apariencia antagónicos como el de la música culta y la popular, dejando abierta la puerta a tentativas como la de “Yo sé que ahora…”, donde se ahonda el caldo del riesgo con contribuciones emanadas de más de dos vertientes musicales.

Desde el papel protagónico del piano, va elaborándose una trama que dispone según la ocasión, momentos clásicos, fraseos de jazz libre y pasajes de técnicas seriales. El tema uno expone dos capas de piano en diferentes tempos, a la que se le sube el sonido vacilante y lleno de asperezas de algo así como una trompeta que va fijando otros puntos rítmicos de gravedad.

La forma sobre la que trabaja parece ser una milonga ciudadana (con un aire de candombe final ayudado por la posterior introducción de tumbadoras) que dado el clima exasperante provocado por la textura de timbres y disímiles ritmos simultáneos, resulta bien difícil de determinar. Una voz pegada a la sucesión de notas de una de las capas de piano, y un teclado, aportan instantes de variedad y renovado nerviosismo.

La composición dos ya parece ser un poema musicalizado. Bedó canta: “el niño que terminó las clases / y sigue portándose mal / y en castigo se va a ir a vivir / a donde lo viejo se muere…”, y a medida que sigue a una variación de piano que va subiendo los grados de la escala, llega al límite del desafine estableciendo un fuerte disonancia respecto a la cadencia de fondo.

El clima circense de “Juego libre con final obligado para Homero” va encaminándose hacia una aglomeración de sonidos inquietantes, que llega a la apoteosis con una alocada improvisación de jazz libre; mientras en “Niña bailarina” varios instrumentos a la par y disparados en diferentes direcciones, tejen una trama donde parece no haber premura por llegar a cada nuevo sonido.

En la piel auditiva, el conjunto sonoro llega como tentativa rara y amorfa, pero en el tímpano profundo de gran parte de la obra pueden descubrirse tangos o señales tangueras sofocados por la parafernalia técnica. No por nada, el registro tiene un nombre extraído de un tango muy conocido (“Sus ojos se cerraron”), y en el final de “Juego libre…” aparecen las voces de Susana Rinaldi y el polaco Goyeneche cantando, y está el toque triste de cierto texto de Onetti y las letras escépticas de Bedó que guardan una íntima relación con la poética del dos por cuatro.

Visto así, el disco es una buena muestra de qué cosas se pueden hacer con el dato básico de la forma desde otras maneras de situarse aunque claro,  la resultante final no logre romper el hielo con un oído medio que prefiere la seguridad escasa del dato conocido,  y niega el carácter musical de planteos como el de Bedó desechándolos lapidariamente hacia el tacho que dice puro ruido.

 

TANGO II

 

 

Si el trabajo de Bedó puede entenderse como un punto de encuentro entre distintas técnicas, lo de Fernando Goicoechea tiene más que ver con poner esas técnicas al servicio de un género determinado. Mientras allí la prioridad es la libertad expositiva, aquí lo esencial es el encuadre de la forma. Tanto si la composición despierta con una improvisación de jazz o una languidez de sonidos distanciados, como si esboza sus primeros pasos con una armonía de cuño piazzollano, hay un dos por cuatro que  manifiesta su raza desde el vamos, o que como destino se irá mostrando en lo sucesivo.

En el primero de los casos transcurriendo discontinuadamente hacia un característico piano tanguero, y en el segundo, permitiendo que el género sea tomado por materiales ajenos o que el mismo bandoneón ingrese en un inhabitual fraseo de largos intervalos.

Sin que la sensación de estar en zona experimental desaparezca, hay un sentido musical que se impone y sale a la luz como si los factores que hacen raro el sonido y que generan un gran atractivo por su novedad, no tuvieran la fuerza suficiente para sofocarlo. Un sentido musical presente en la respiración del fuelle aún cuando su sonido es llevado a la estridencia del silbido (o es borroneado por un cuchicheo de voces, o modificado por filtros o conducido a una progresión de irritantes acordes alargados) porque a pesar de que las técnicas procedan de ámbitos de extracción separados, la aleación suena toda lo empastada que puede sonar.

 

(En ese tren de unificar campos que en lo previo parecen irreconciliables, está el antecedente de “Starting a store” (2002) , un disco realizado por el pianista ruso Simon Nabatov y el trombonista alemán Nils Wogram, donde se encauza a las mil maravillas el jazz con la avanzadilla erudita del siglo XX.)

 

Los bandoneones de Nicolás Mora (con quien Goicoechea integra el trío Tango Marciano junto a Gustavo Etchenique) y Luis Di Matteo se disputan la interpretación de las composiciones del disco aportando cada uno su sello. De parte de aquel la justeza y su delicado andar,  y de parte de éste, su experimentado trazo y su riesgo.

Con el nombre de viñetas, F. Goicoechea denomina a cuatro petit composiciones de autoría compartida con Di Matteo que a pesar de su brevedad, traen en sí la carga de una actualización estética necesaria. Tanto en esas como en otras piezas de este disco, acaso pueda hallarse un movimiento postpiazzollano de interés.

 

Leonardo Scampini

 

 

.Yo sé que ahora vendrán caras extrañas. Andrés Bedó (Ediciones Ayuí, Montevideo 2008)

 

.Orígenes. Fernando Goicoechea (Ediciones Ayuí, Montevideo 2008

 

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-Folletín de diez manos. Cada uno de los autores que escriben la novela-folletín-blog (cabrera, cavallo, santullo, soriano, trujillo), escribe un capítulo de no más de 2000 palabras. Para eso tiene una semana de tiempo. Cuando termina, envía su capítulo al encargado de hacer el siguiente. Cuando se cumplen 5 vueltas y, por lo tanto, se llega al capítulo 25, la novela se termina. Cada capítulo está acompañado de la ilustración de algún artista. Interesante.

http://folletindediezmanos.

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-EE.UU y la música digital. En los pronósticos de la última edición de su reporte sobre la música grabada a nivel global, la firma Strategy Analytics anticipa un nuevo hito para los formatos digitales en el año que viene.La compañía estima que los consumidores estadounidenses gastarán $2.700 millones de dólares el año que viene en CDs, por debajo de $2.800 millones en música en línea. El reporte también contempla la situación en 2015, pronosticando que los ingresos de la música en línea estarán conformados en un 39% por descargas de sencillos, 32% por descargas de álbumes, 14% por suscripciones y 14% por publicidad.

 

 

 

 

-Cursos de música en internet. Artículos y videos para aprender a tocar o mejorar conocimientos sobre guitarra, piano y otros instrumentos. La página se llama Virtuosso (www.virtuosso.com)