cultura de otra especie

Con la raíz a la intemperie

29.11.2010 20:24

 

Mauricio Ubal

 

 

 

CON LA RAIZ A LA INTEMPERIE 

  

 

 

 

 

Todos lo recuerdan por la emblemática “A redoblar” -de autoría compartida con Rubén Olivera- pero Mauricio Ubal ha sacado de su galera maravillas como “Al fondo de la red”, “Un ladrón”, “Los postigos”, y piezas que “Como el clavel del aire”, tienen la facultad de erizar la piel de la emoción.

 

 

Esas y otras canciones de su trayectoria solista aparecen reunidas en Rezumo (Ediciones Ayuí), una antología que además de propiciar la revisión de su obra,  allana el camino para el diálogo revelador del artista que está detrás.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

-¿Cuáles es el  primer recuerdo que tenés de tu encuentro con la música?

 

 

-Cuando era muy niño me gustaba todo aquello de cantar porque claro, mi madre casi siempre estaba cantando y mi hermano mayor participaba de algunos dúos folclóricos  y de conjuntos de música tropical allá por mediados de los sesenta. A los nueve o diez años ya estaba haciendo canciones con melodías y versos e inclusive había todo un trabajo posterior, que tenía que ver con poner aquellas canciones en un cuadernito. Curiosamente y también en esos años, me divertía haciendo magazines o revistitas donde realizaba dibujos de tapas de discos, inventaba nombres de grupos y nombres de títulos de canciones.

 

 

 

 

-¿Y la guitarra cuándo?

 

 

-La guitarra empezó tarde. Si bien había alguna guitarra en la casa, recién empecé a tocar los primeros acordes allá por los quince o dieciséis años. En su momento estudié guitarra con los programas de Carlevaro pero, me trancaba con el solfeo, me aburría. La profesora de barrio le decía a mi mamá “mándelo, mándelo” pero yo me negaba a toda esa cuestión. Después de adolescente sí, me vino una especie de fiebre y ahí me pasaron acordes y empecé a tocar y armar otros acordes por mi cuenta. Más tarde realicé cursos de solfeo y de armonía. Allá entre el 86 y el 89 hice dos años en la Escuela de Música pensando en estudiar musicología pero finalmente no terminé. Antes, en el Nemus también había hecho cursos de lectoescritura.

 

 

 

 

-¿Cómo fue que llegaste al Nemus?

 

 

-El Nemus era una especie de islote en un año muy crítico como era 1978.  Llegué allí por comentarios y por cercanía de gente y porque además, me había metido en el pequeño mundillo de la música popular. Conocí a gente como Eduardo Rivero que fue compañero mío de preparatorio nocturno y con él  me fui adentrando en el ambiente. Conocí a Los que iban cantando y dentro de Los que iban… estaba Lazaroff y la posibilidad de empezar a estudiar con él. Yo tenía 19 o 20 años y entonces esa perspectiva de asimilar otro tipo de cosas más afín a lo que uno quería me atrapó. Estudié un año con él y luego me dijo “yo no tengo más nada para pasarte” y me puso en contacto con Coriún Aharonián, con quien también estudié uno o dos años haciendo talleres.

 

 

 

 

-Entretanto ya estabas haciendo música.

 

 

-Sí, lo primero fue un trío que se llamó De la Planta en el 77 –78, con unos amigos de la escuela, y luego en el 79 aparece Rumbo.

 

 

 

 

-En aquellos primeros años, ¿pensabas en hacer una carrera de músico profesional y, a la vez, ejercer desde ese terreno la resistencia a la dictadura?

 

 

-No, nunca tomé el papel de dedicarme a la música como una profesión. Más bien que eso fue cayendo solo y hoy me encuentro a mis 47 años, con veinte y pico de años dedicados a esta profesión. Pero yo en ningún momento dije “me voy a dedicar a esta actividad”. Nunca hice música pensando en hacer dinero. Cuando tenía 19 o 20 años, vivía la cuestión del arte con mucha fuerza, me pasaba componiendo. Entonces era una cosa que tenía más que ver con la pasión y esa pasión era lo que me hacía vivir. Yo sentía y sigo sintiendo que en buena medida, vine acá para hacer canciones y que es lo mejor que sé hacer. Todo lo demás puede hacerlo otro pero las canciones que yo hago, siento que hay algo especial en mi modo de hacerlas que las vuelve irrepetibles. Cuando uno tiene la felicidad de decir “bueno, yo puedo hacer esto”, es una felicidad especial. Lo que pasa es que a veces necesitás como todo ser humano, la aprobación del prójimo, el rebote de la gente.

 

 

 

 

-Algo que vos tuviste desde el arranque.

 

 

-Seguro, y entonces, yo me siento muy feliz de eso.

 

 

 

 

-Una de las claves que dan singularidad a tu música, es la integración de la temática futbolera en la letra de las canciones. Cuando apareció la primera canción de ese tipo, eso estaba mal visto o sonaba cursi. ¿No tuvieron temor de que eso no funcionara?

 

 

-No, temor ninguno. Nosotros estábamos en una época que no teníamos temor de promover cosas y nos tiramos. La canción “Orséi” llamó la atención porque además usábamos ese lenguaje para hablar de otras cosas. Después yo hago “Al fondo de la red” y enseguida algunos colegas me preguntaban “pero…¿qué estás queriendo decir?”. No, no es eso, no estoy queriendo decir nada, estoy hablando de la belleza del fútbol.

 

 

 

 

-Otra de las claves de tu música tiene que ver con la constante referencia a la ciudad de Montevideo.

 

 

-Sí, el barrio, la calle…

 

 

 

 

-Y hay un tema que suena todos los días en todos lados,  porque desde que obtuvo el primer premio en un concurso, se convirtió en el himno de la ciudad. “Una canción a Montevideo”, ¿la compusiste especialmente para ese concurso o ya la tenías hecha?

 

 

-La fabriqué especialmente y me costó bastante hacerla. Te diría que hasta seis horas antes de entregar eso, tenía el estribillo nada más. Recién en esas últimas horas hubo como una descarga de imágenes y mientras lo hacía me entró a gustar lo que estaba haciendo...

 

 

 

-Y empezaste a creer que ibas a ganar el concurso…

 

 

-No. La verdad es que yo entregué eso y me olvidé. Pasaron como dos o tres meses hasta que un día me llamaron de mañana a casa avisándome de que había ganado. Además, yo estaba metido en ese momento en la grabación del disco Colibrí, que es bien diferente al tema de Montevideo, es todo más bien peladito, de ámbito acústico; y cuando sale esto hablo con Carlos Da Silveira, que era quien estaba trabajando conmigo en la producción artística de Colibrí, y le digo “tenemos que meter este tema en el disco” y entró como primera canción del mismo.

 

 

 

 

-En Rezumo aparecen las dos grandes vertientes que hay en la música de Mauricio Ubal: un tipo de canción más rebuscada y otra más directa. ¿Vos buscaste ese balance?

 

 

-Sí…aunque no sé si tengo canciones rebuscadas y no creo ser un autor rebuscado además. Tengo sí, un tipo de composición que está en ese límite donde se mezcla lo popular con un cierto juego literario, y que yo no puedo lograr en todas las canciones. Luego están los temas más directos, que tienen un lenguaje más sencillo o que tienen una música más entradora. En general no busco complicarme con la música pero tampoco hacer una cosa sencillita, tonta. “Copla de exilios” por ejemplo, tiene un cierto grado de complejidad porque yo ahí estoy jugando y rompiendo con el tiempo, empiezo en un lado, termino en otro y cruzo a Artigas tomando un avión. Eso me encantó hacerlo y es un ejercicio que no se ve mucho en la canción uruguaya. Lamento tener que decirlo yo pero no lo he visto por ahí.

 

 

 

 

-Algunas canciones de tu último disco junto a Gonzalo Moreira (El faro del fin del mundo) deberían haber participado de esta antología. Hablo de temas como “Camaleón”, “Antes que cambie la luz” o la canción que da título al disco. ¿No las incluiste porque son canciones muy nuevas y no había perspectiva suficiente para poder hacer una valoración sobre ellas?

 

 

-No, en realidad se trata de algo mucho más sencillo. Hay un montón de canciones de ese disco que me hubiera gustado que estuvieran pero, si yo las incluyo, mato El faro del fin del mundo, y eso era injusto con el disco que había editado hace dos años.

 

 

 

 

-Dijiste recién que nunca fuiste un autor rebuscado. Sin embargo hay en la etapa de Rumbo, canciones como “Papel picado”, que mostraban rebusque literario y una ardua construcción musical. Una manera de abordar la canción,  que siento casi no volvió a verse en tus años como solista.

 

 

-Sí…Rumbo era otra cosa. Éramos seis cabezas y yo era una de ellas. A veces llevaba ideas y los compañeros me las rebotaban, o me las cambiaban generalmente para bien y eso te enriquecía. Eso me faltó en toda la época posterior a Rumbo, ese taller es lo que yo extrañé en la etapa solista, y creo que a Laura (Canoura) le pasó también.

 

 

 

 

 

Leonardo Scampini

 

 

 

 

*Publicado originalmente en La Diaria, el 15 de febrero de 2007.

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-Folletín de diez manos. Cada uno de los autores que escriben la novela-folletín-blog (cabrera, cavallo, santullo, soriano, trujillo), escribe un capítulo de no más de 2000 palabras. Para eso tiene una semana de tiempo. Cuando termina, envía su capítulo al encargado de hacer el siguiente. Cuando se cumplen 5 vueltas y, por lo tanto, se llega al capítulo 25, la novela se termina. Cada capítulo está acompañado de la ilustración de algún artista. Interesante.

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-EE.UU y la música digital. En los pronósticos de la última edición de su reporte sobre la música grabada a nivel global, la firma Strategy Analytics anticipa un nuevo hito para los formatos digitales en el año que viene.La compañía estima que los consumidores estadounidenses gastarán $2.700 millones de dólares el año que viene en CDs, por debajo de $2.800 millones en música en línea. El reporte también contempla la situación en 2015, pronosticando que los ingresos de la música en línea estarán conformados en un 39% por descargas de sencillos, 32% por descargas de álbumes, 14% por suscripciones y 14% por publicidad.

 

 

 

 

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